7 de febrero de 2012

La historia continúa









En aquella casa se iba a dar una ausencia de forma menos benévola que en el resto de hogares de la comarca, donde faltaban los jóvenes que habían emprendido el viaje para América.
La gente solía estar acostumbrada a las despedidas largas, con aparatosas preparaciones que implicaban, sin nombrarla, la palabra abandono. Sabían que los que marchaban no volverían, o lo harían tan tarde que nadie les iba a esperar. Sólo alguna carta de vez en cuando o un paquete con cosas: chocolate, caramelos, algún recuerdo del nuevo mundo, tal vez un mapa o una radio cruzaría el océano de tarde en tarde, dando noticias de éxitos, dificultades calladas, el inicio de vidas nuevas en tierras fértiles y amenazantes, según decían las esperadas noticias de los viajeros. Sonaba un nombre, Detroit, y en esas sílabas ya percutía el pistón de los coches que se producían en aquellas fabulosas fábricas de automóviles, tan grandes que la gente tardaba horas en atravesarlas. Allí se daba trabajo y una nueva vida, lejos del hambre y la falta de oportunidades que la tierra que dejaban prometía.
Un día, con la carta de rigor, le llego también a la madre de los tres jóvenes que habían ido a buscar trabajo al país de las canciones vibrantes, el baúl que contenía las cosas del más pequeño de los tres. Lo enviaban sus hermanos, que habían llegado al destino.
En lo más obtuso de aquella travesía una ola incomprensible, salida de la nada, había barrido la cubierta del barco, arrastrando en un furor desdichado al joven que jugaba despreocupado con sus hermanos.
Casi un siglo más tarde, todavía se hablaba de aquello al contar la historia del baúl, del silencio de la madre ante el orden inútil de la ropa sin dueño, de la amplitud silenciosa de la casa sin las risas de los muchachos, de un llanto perdido, del fatídico viaje, de la mala suerte.  

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Bienvenidos a este blog.

Me inicié en la fotografía durante los viajes que iba efectuando. Después fui realizando poco a poco fotos para algunas compañías de teatro y danza, de amigos que me iban pidiendo imágenes de sus espectáculos. Más tarde comencé a realizar retratos y desnudos en estudio para comprender mejor el acto fotográfico y estudiar otras posibilidades de producción y aprendizaje. Con el tiempo he ido ampliando mi panorama de intereses, las estrategias de composición, la construcción y afinamiento de la mirada.

He llamado a este blog Miradalateral por la multiplicidad de sentidos que pueden poseer las imágenes, por su calidad de registros temporales suspendidos en la memoria, por su capacidad de incrementar la observación, por su disposición sobre el dominio de lo visible y el poder de manipular la realidad.

Creo que las tres personas del verbo en la fotografía serían: luz, encuadre y enfoque.

Tres parámetros físicos que intuyo forman la sustancia base de las construcciones metafóricas en que se mueven las imágenes fotográficas. También debería decir los motivos, que serían como la fe de ese supuesto orden teológico.

Uso esta metáfora religiosa, porque como decía John Berger, nuestra mirada está determinada por nuestras creencias, y yo fui educado en la mitología católica.

La cuestión de si las fotografías registran la realidad o son invención, me parece un argumento metafísico y no doy mucho crédito a esta controversia, quizá porque tengo el presentimiento de que toda realidad es invención y es también, probablemente, el ejercicio de nuestra memoria, de la cual depende nuestra interpretación del mundo.



Welcome

I initiated myself in photography while I was travelling.

Afterwards I started to shoot for some dance and theatre companies, from friends that wanted pictures from their shows and performances. Later on I began with portraits and nudes in a studio for understanding better the whole process about photography and for studying other possible ways of production and learning. Over time I have been expanding my spectrum of interests, composition strategies, construction and gaze’s selection.

I called this blog Miradalateral (sideview) due to the multiplicity of the senses that images can contain, for its quality of temporary records suspended in memories, for its capacity to increase observation, for its disposition on the domain of the visible and the power to manipulate reality.

I believe that the three consubstantial persons in photography would be: light, framing and focus. Three physical parameters which, I intuit, form the substancial base of the metaphorical constructions of the photographical images. I should explain as well the reason. Those would be like the faith of that supposed theological order. I use this religious metaphor because, as John Berger use to say, our look is determined by our beliefs, and I was raised in a Catholic mythology.

About the matter whether photographs register reality or are an invention: I find that it is a metaphysical argument to which I do not give much credit. Maybe because I have the feeling that reality itself is an invention and it is probably as well the exercise of our memory, which is related to our world’s interpretation.



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