10 de mayo de 2012

De cara










El contenido de una mirada.
Retratarse es darse a conocer, sí, pero toda mirada es también la historia de una contención, de una distancia, de una ocultación dada al escrutinio.
La acción de mirar tal vez sea, junto con la de pensar, la más solitaria de todas, también la más secreta. 
En tanto que seres discontinuos nos acercamos, a través del retrato, al fragmento de un acontecimiento personal en la proximidad de una identificación plena y en la lejanía de una extrañeza, estrechamente ligada a su condición manifiesta de pasado.

"El ojo que tú ves no es ojo porque tu lo veas; es ojo porque te ve."
Esta precisa y poética máxima de Machado es aplicable, a mi modo de ver, a algo que ocurre en el acto de realizar un retrato.
Observamos la mirada, y en ese juego de espejos se establece uno de los diálogos que decisivamente capta la cámara, el que mira para ser mirado, la mirada que se sabe expuesta al juego de la interpretación.

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