30 de marzo de 2012

Los iniciados

Specular realities between the mask and the reflection of the figure in the eye of the host, in the banquet of autophagy.
We are what we eat, as well as we are our masks and personalities we adopt, playing to be what we are but acting as we think that we are. We are the beings we eat  coming from other worlds, air, sea, river, orchard, forest, open field, the closed farm.
Raw, cooked over low heat or flame, breaded, fried or boiled.
Our kitchen is the home, where take place simmering family narrative, the spice of life, what feeds us and give us name. Smell, touch, see; fish, poultry, vegetables, meats, hearing the pots and pans, crackling rhythms of fried food, the boiling of cooked, like what happen in the sedimentation of flavors in the stove heat that precipitate alchemical reactions and substances. The impregnated air vapors are promises of what is about to say, declining any meaning to the taste sensation. I go through the kitchen like by the world, keepers of secrets these mysterious crabs beaches bordering on my plate, winding fish colors ready to give their portion smoked seafood. And I the cooker of things that makes the world that I am, the masks I live, I the great glutton.



























Realidades especulares entre la máscara y el reflejo de la figura en el ojo del anfitrión, en el convite de la autofagia.
Somos lo que comemos, como somos nuestras máscaras y las personalidades que adoptamos, jugando a ser lo que somos mientras nos interpretamos como creemos ser. Somos los seres que comemos venidos de otros mundos, del aire, del mar, del río, de la huerta, del bosque, del campo abierto, de la granja cerrada.                                    
Crudos, cocinados a fuego lento o a la llama viva, rebozados, fritos o hervidos.     
Nuestra cocina es el hogar, donde se cuece a fuego lento la narración familiar, el condimento vital, lo que nos alimenta y da nombre. Oler, tocar, ver; los peces, las aves, las verduras, las viandas, oír las ollas y sartenes, los ritmos del chisporroteo de las fritangas, de la ebullición de las cocidos, gustar lo que se va dando en la sedimentación de sabores que los fogones precipitan en las reacciones alquímicas de calor y sustancia. El aire impregnado de vapores son promesas de lo por decir declinando todo sentido a la sensación del gusto. Voy por la cocina como por el mundo, cangrejos guardianes de secretos en playas misteriosas que orillan en mi plato, peces de sinuosos colores listos para darle al fumé su porción de mar. Y yo cocinero de las cosas que conforma el mundo de lo que soy, de las máscaras que habito, yo el gran glotón.   












24 de marzo de 2012

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